jueves, 6 de octubre de 2011

LOS JUMAY... UNA LUZ EN LA OSCURIDAD COLONIALISTA!!


LOS JUMAY


            Eso de que “los jumayes eran violentos” no es cierto. Lo que ha sucedido es que al valiente se le ha pintado siempre así: violento, suicida, abusivo. Cuando en el fondo lo único que han hecho es defenderse y la defensa es la conservación de la existencia y lo mismo lo hace un ser humano como lo hace un animal o incluso, una planta. Y cuando el ser humano no hace uso de esa facultad entonces se le dice cobarde, sumiso, entreguista… Claro, los indígenas de Jumay  es de suponerse que no iban a ser como angelitos; mansos, mansos,  pero tampoco para que se merecieran el calificativo de “salvajes”. Pues eso de “ignorantes” y de “adelantados”, resulta siendo ridículo e injusto y hasta cierto punto muy cuestionable conforme se vaya conociendo las interioridades de la historia, si nos metemos por el punto preciso donde deben verse las cosas o sea; por la cara. Imagínense: “ignorantes” ¿de qué?, en primer lugar; y luego, “adelantados” ¿porqué?.
            En las altiplanicies de ese enorme coloso llamádose  Jumaytepeque, se agarre y se vea por donde se quiera, se encontraran estampas valiosas de la historia patria narradas en la voz  e idiosincrasia del nativo que se ha venido pasando de padres a hijos durante muchas generaciones; o dejando en los apuntes que ya luego se convierten en documentos; salvando de esta manera el recuerdo y el valor intrínseco desde los aciagos días de la Conquista, pasando por el asedio constante y a propósito de los “pretensiosos” liberales, a quienes se les debe el mas grande irrespeto y la mas descabellada negación de la verdad. Si los viéramos hacia el norte y hacia el sur, siempre oiremos los pasos de don José Maria Zapeta llevando el mensaje y echando el ¡levántate!, al pueblo, que ha llegado la hora de rempujarle reata al gobierno que nos oprime… Pero si vemos al poniente y nos remontamos a un tiempo mas allá, a lo mejor todavía logramos ver la gente del Capitán Pérez Dardón rodando desde la prominencia de la montaña y llevando encima no solo un enorme peñasco sino la desgracia de haberse topado con una parvada de “violentos” que los hacen caer en la trampa mortal de su desgracia. Los jumay escriben en 1526, la página mas brillante de la historia de Guatemala y de todo lo que se ha dicho de la tal Conquista; salvan los nativos de estos montes, apersonados en la casta bravía de los Xinkas, el honor de la nación y el orgullo de Santa Rosa, usando una táctica y astucia que no pudieron evadir y mucho menos vencer los diestros señores y amos de la guerra que habían llegado invitados solo por su ambición y mezquinos intereses.
            Después se le plantan y también combaten a un gobierno constituido, y por eso se ha usado el ardid de “revoltosos”, intencionalidad e ingratitud que sirve de fachada hacia un fin determinado, el cual concluye con un castigo infame hacia esa población noble y laboriosa que nada le debía a Ubico, ni a Barrios, ni a ningún diosecillo de los que en mala hora han gobernado y atrasado a Guatemala diciéndose descaradamente ellos mismos: “reformadores” e “iluminados”. ¡Que pena! ¡Con que razón! Pero bueno; eso no es cosa nueva, ni sorprendente ni de alguna manera para dejar perplejo a medio mundo; porque de hecho, y por circunstancias especiales ellos, como ha quedado evidenciado han sido así…
            El Xinka, por excelencia fue bravío y fue una presa dura. Someter a los miembros de esta raza no le fue tan fácil a las huestes de don Juan Pérez Dardón y por eso, ante la incapacidad de su estrategia militar salta de inmediato al escenario de las acciones, la tentadora oferta de las malas artes y de la mala fe, practica y costumbre del castellano, pues acostumbrado ha de haber estado a jugarse la vuelta a cada rato. “Salga hombre, no vamos hacerle nada” eran las promesas del  invasor, quien además le prometía a Tonantel: “respetaremos su integridad”.
            Allí en los montes silvestres de la agreste montaña, ha de estar y estará retumbando la voz del gran señor de los   Xinkas cuando les ordenó echarse encima de aquella gavilla que solo  llegaron a importunar el desarrollo de su nación. Escritas están y estarán en la memoria de ese pueblo noble, su actitud, su entrega, su arrojo y su defensa. Orgullo reflejado como  una muestra indeleble en las facciones de cada familia con apelativo ahora de Ortiz, Villalta o Sánchez.
            “En 1526 fue enviado a la conquista de los chortis de los pueblos de Jumay y Los Esclavos, en el actual departamento de Santa Rosa, el capitán Juan Pérez Dardón con ochenta infantes, treinta de a caballo y mil indígenas. La conquista resultó costosa por la resistencia que opusieron los indígenas chortis. A una de las poblaciones conquistadas se le puso el nombre de Los Esclavos, que todavía conserva, pues en el lugar fueron herrados muchos indios.
            Los xinkas de la provincia de Guazacapán, en el sureste de Guatemala, que tantos problemas le habían causado a Alvarado en la campaña de 1524 camino de Cuscatlán, fueron sometidos en 1526 por los capitanes don Pedro de Portocarrero y Hernán Carrillo.” 

Sacando de entrada todo esto a la luz de la conciencia y a manera de ir fomentando un nacionalismo puro, porque el santarroseño debe en todo momento sentirse orgulloso de sus antepasados y nunca, en ningún momento, avergonzarse. Los xinkas fueron una nación que aunque fraccionada, escribieron un papel brillante en la defensa de su territorio. Se presentan en la ubicación geográfica de su población como bolsones de gente nómada al parecer e inestables de entrada en su estadía y su formalización pero todo obedeciendo a que, también ellos se mantuvieron en la lucha constante por expandir su territorio; y en estas luchas por expandirse se producen los “corrimientos” de un lado a otro, como el caso específico de estos antiguos habitantes que van desplazando a los Chortis y a los Pipiles hasta quedarse manejando la mayor parte del territorio de Santa Rosa y así es como aparecen dentro de su dominio: Guazacapân y Jumaytepeque...

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